streaming / EL HOYO

Nuestra calificación: MUY BUENA

Un grupo de gente encerrada en lo que parece una prisión, aunque sin carceleros. Una serie de pisos a lo alto de una estructura que parece interminable. Y finalmente, una plataforma que reparte comida desde los pisos superiores hasta los inferiores, pero siempre acaba con una distribución desigual de los alimentos. Los que reciben la comida primero rapiñan los recursos, y van dejando cada vez menos para los que esperan las sobras más abajo. Sí, la metáfora puede ser obvia, pero no por ello poco contundente: El Hoyo es un sistema perverso que no se sabe quién lo dirige (se nos habla de “la administración” como ente abstracto), pero que sí se entiende cómo termina: en violencia de clases, tanto simbólica como brutalmente física.

Y es que el adjetivo “brutal” acaso es el que mejor le cabe al film de Galder Gaztelu-Urrutia, que no le teme al horror apoyado en el gore para ejemplificar porqué este sistema social es una basura. A través de una serie de personajes con los cuales resulta fácil identificarse, el director va introduciendo nuevas reglas de juego que complican más las cosas. El protagonista, Goreng (excelente trabajo de Ivan Massagué), va descubriendo por la fuerza cómo funciona la mecánica del hoyo: si bien en un principio “despierta” en el piso 48, en donde, aunque la comida ya llega algo chamuscada, en palabras de su compañero de piso “la cosa no va tan mal”, pasado el mes descubre que todo cambia al despertar en un piso más bajo, adonde ya casi no llega alimento. De repente el compañero que se mostraba bruto pero muy amable, potencia su primera cualidad y olvida por completo la segunda. Aún así, asegura que el instinto asesino de otras personas es aún peor. Queda claro que en el egoísmo absoluto lo único que importa es sobrevivir. Y bajo esta premisa, queda claro también que parece que Goreng ha elegido mal el único objeto que podía llevarse al hoyo: un libro para que lo acompañe en su reclusión (a diferencia de otros internados, voluntaria), que es ni más ni menos que Don Quijote de la Mancha.

Por supuesto que la elección de este título, por parte del director, no es casual. Absolutamente todo en El Hoyo está respaldado por un simbolismo, que en algunos casos resulta más evidente que en otros. Conviene no adelantar ni estropear el significado de estos, puesto que allí reside el mayor atractivo de la película.

El Hoyo es una película inteligente, que atrapa por lo simple y creativo de su planteo, a la vez que se ve apoyada por unos muy dignos efectos especiales, sumamente cuidados para una producción de relativo bajo presupuesto. Urrutia es hábil con la puesta de cámara y la dirección de actores, lo suficiente como para que su obra no se torne reiterativa al cambiar de un escenario a otro que, en apariencia (cuatro paredes de cemento, luces frías y un agujero) se ve siempre igual. En el aire flotan reminiscencias a Snowpiercer de Bong Joon-ho y El Cubo de Vincenzo Natali, pero El Hoyo se cuela con peso propio en el podio de grandes películas distópicas de los últimos tiempos.

txt: Mariano Torres

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