Toronto After Dark / CULT OF CHUCKY

chucky

Nadie se atreva a hablar de Annabelle: el muñeco maldito tiene nombre y apellido, y es Charles Lee Ray. “Chucky”, para los amigos (si es que acaso tiene alguno). Y su creador, Don Mancini, lo sabe, así como sabe también que cada tanto no es bueno tomarse todo en serio (después de todo, no deja de ser un juguete poseído, y con un poco de suerte uno simplemente podría patearlo y a otra cosa). Cult of Chucky retoma el camino que el director/guionista abordó en ocasiones pasadas con Bride of Chucky y especialmente Seed of Chucky, mezclando terror con humor, y sin ataduras respecto al grotesco y lo netamente bizarro. Hay suspenso, hay gore, pero también hay un bienvenido (y necesario) sentido del absurdo.

La nueva historia tiene al pelirrojo infernal acechando una vez más a Nica (Fiona Dourif, hija de la insuperable y eterna voz de Chucky, Brad Dourif), quien venía de padecer las maldades del pequeño asesino en la anterior aventura. Esta vez, la acción se traslada a un hospital psiquiátrico, y el encierro por supuesto no ayuda a la emergencia que acontece, cuando las vísceras comienzan a desparramarse por todos lados. Sí ayuda, en cambio, a disimular el bajo presupuesto de la película, que ya va por su séptima entrega y no parece tener intenciones de detenerse.

Mancini se divierte con el elenco, se ríe con el espectador y sabe asustarlo cuando lo considera necesario (algo que, en cambio, fallaba en Seed of Chucky, que se volcaba completamente al humor). Cult of Chucky es una bienvenida entrada a esta inesperada saga que no se agota, y que esperemos continúe en varios capítulos más.

Txt: Mariano Torres

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