32 Fest. De cine de Mar del Plata / LUCKY

mar del plata lucky

Nuestra calificación: EXCELENTE

El legado de Harry Dean Stanton al cine es tal que una mirada de sus melancólicos (pero jamás tristes) ojos es capaz de decirlo todo en apenas un par de planos. Lucky es, además, casi un testamento de su vasta carrera: narra la historia de un hombre vestido de cowboy que a los más de 90 años se mantiene activo y se rehusa a aminorar su marcha. Todos los días se levanta, ejercita, toma un café, se calza sus botas de vaquero y sale a recorrer el pueblo. Allí visita al dueño de una cantina, e intercambia ideas y pensamientos, que comienzan siempre con un “no somos nada”. El realismo extremo, que resulta ser una “cosa”, apenas dice sus buenos días allí: Lucky sigue visitando a sus amigos en otro bar, se enoja cuando alguien menciona conceptos vagos como “el alma” o la “eternidad”, y no le teme al vacío ni la muerte porque sabe que son las únicas dos cosas que en verdad existen. Y sin embargo, la película de John Carroll Lynch no es amarga, sino todo lo contrario: es toda una celebración de la vida. ¿Cómo puede ser? Justamente, porque funciona como contracara realista de un motivacional supérfluo, de esos que abundan en la sociedad new age. No necesita hablar del espíritu para ser un camino espiritual, consciente de que el espíritu no existe y es apenas una alegoría o metáfora de algo que en verdad no importa, porque jamás tuvo ni tendrá sentido. Y está bien, no tiene que tenerlo. No hay posteo de facebook o firma debajo de un e-mail capaz de convencernos de lo contrario, porque en el fondo nos aferramos a las frases vacías apenas para buscar una respuesta feliz a lo que no reconoce emociones.

El pueblo donde nuestro personaje reside está repleto, además, de coloridos personajes que adornan el paisaje. Entre ellos destaca el mismísimo David Lynch, preocupado por haber perdido una tortuga, y varios personajes que parecen existir apenas en los interiores de un bar anclado en el tiempo. Todos ellos dialogan con el protagonista, y también lo escuchan, mientras intercambian filosofías de vida.

Lucky tira abajo la noción de que el nihilismo es depresivo, probablemente porque sus guionistas saben de lo que hablan. No hace falta un Dios ni una falsa esperanza para disfrutar la existencia. Dean Stanton, con su ireemplazable voz y andar de vaquero cansado, sigue caminando sin detenerse, y cuando se debilita y cae al comienzo de la película, vuelve a levantarse y continúa su marcha. Al igual que su persona en la vida real, que se extinguió apenas unos meses después de la finalización de la película, no ignora la vejez ni deja de preocuparse por ella, pero no deja que la misma le atormente. Porque sabe que a donde va no hay nada y lo único que existe es el camino inútil del hombre. Estúpido, insignificante y sin sentido. Y por eso mismo vale la pena recorrerlo.

Txt: Mariano Torres

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