especiales / SALVEN LA TORRE DEL RELOJ (parte 1)

máquina del tiempo

REPRESENTACIONES Y REPRODUCCIÓN IDEOLÓGICA EN FICCIONES QUE VIAJAN POR EL TIEMPO
por Gerardo Martínez

El viaje en el tiempo, contrario a lo que solemos pensar, no es un género ni un subgénero en sí mismo, sino que es básicamente un recurso narrativo. Este recurso puede presentarse dentro de un género como la ciencia ficción o la fantasía, por ejemplo, o mismo fuera de ese sistema clasificatorio. Sin embargo, es indudable que se ha dado, casi de forma exclusiva, dentro del marco de la ciencia ficción.

Es curioso notar que la producción de este tipo de ficciones a nivel audiovisual fue de apenas 25 películas en la primera mitad del Siglo XX. Tan solo 25 películas con el recurso del viaje en el tiempo en cincuenta años. Es a partir de 1947 que se empiezan a producir con mayor frecuencia, llegando a superar las 40 hacia 1951, que son más de 80 en los años 70, y más de 300 en los 90, para llegar a ser casi 500 en esta década que recién supera la mitad de su propio recorrido. Se podría explicar este incremento con la aparición de nuevos soportes, como la televisión, los videojuegos, el cable y la internet on demand. Pero esa explicación se quedaría corta en el por qué, por qué ese consumo en particular aumenta cuando otros recursos desaparecen, ¿por qué es interesante para los creadores y para el consumidor, según las reglas de la industria y el mercado, seguir produciendo, consumiendo y regenerando viajes temporales en los mundos idealizados y ficcionados?

time machine

La respuesta podría radicar, sin embargo, en que los elementos, formas, figuras que le dan razón de ser son manifestaciones de un ideario fundante del propio aparato ideológico dominante, es decir, el neoliberalismo. Antes que nada, no puedo evitar desglosar la palabra, ya que “Neo” y “Liberalismo” etimológicamente me obligan a contextualizarlas. El prefijo neo está implicando una revisión, un resurgir de un concepto anterior, que es, claro, el de liberalismo. Esto quiere decir que este concepto nace apoyado en otro anterior, con una tradición mucho más larga y que es retomado -con notables particularidades- para enfrentarse a otra concepción contemporánea que es la de keynesianismo o Estado de Bienestar. El hecho de considerarse parte del legado del liberalismo no es menor, nociones liberales de progreso y libertad de mercado, la industria y la división del trabajo y del tiempo en función del trabajo son fundamentales en la ideología dominante actual, y no es casualidad que ya la literatura presente historias consideradas clásicas en el canon actual, como las de Julio Verne y H.G.Wells, este último, creador de “La Máquina del Tiempo”, en el que un viajero del Siglo XIX va al futuro para encontrarse una sociedad alegórica en la que los hombres se dividieron en dos especies, una zonza, los Eloi,  que viven en la superficie, con comida por doquier y adorables, que es cazada y comida por las noches por la otra, los Morlocks, caníbales subterráneos. El protagonista saca conjeturas, y piensa que las clases se dividieron tanto, que los autómatas trabajadores quedaron bajo tierra y las clases acomodadas estaban tan acomodadas que terminaron siendo como niños. La humanidad dividida, en obreros y burgueses, la sociedad del siglo XIX resumida en especies, en evolución, en antiprogreso, pero lineal, hacia adelante, deshumanizandose.  Es curioso como el recurso aplicado en la Inglaterra del Siglo XIX funciona como una crítica a la visión del progreso, aunque usa su más preciado recurso, que es la continuidad histórica, en la literatura, para luego ser retomado por el cine, una forma de arte industrial y masivo, como es el de Hollywood -ya veremos en los ejemplos- para reproducir las operaciones que generan la propia ideología predominante, (se da menos el caso de que la pongan en tela de juicio). Lo que en el Siglo XIX era una preocupación del porvenir, un augurio -como el de monstruo de Frankenstein-, en los ochenta y noventas es recibido como el mejor estadío posible del hombre por los propios relatos que se reproducen, y curiosamente, esos relatos aumentan y aumentan.

Por ejemplo, en Volver al futuro (Robert Zemeckis, 1985) se nos presenta la maravilla del logro subjetivo mientras Terminator (James Cameron, 1984) nos ofrece un tenebroso futuro dominado por máquinas. Estas dos visiones en pugna forman parte de un mismo relato. Por cada 12 Monos (Terry Gilliam, 1995) que teme la amenaza biológica hay un Lost (J.J. Abrams, Damon Lindelof y Carlton Cuse, 2004-2010) que carga con las culpas de la bomba atómica y la artificialidad del estilo de vida norteamericano soñado.

txt: Gerardo Martínez

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