ENCUENTRO DE CINE ARGENTINO 5 AL 10 DE NOVIEMBRE. ENCUENTRO DE CINE ARGENTINO 5 AL 10 DE NOVIEMBRE. ENCUENTRO DE CINE ARGENTINO 5 AL 10 DE NOVIEMBRE. ENCUENTRO DE CINE ARGENTINO 5 AL 10 DE NOVIEMBRE. ENCUENTRO DE CINE ARGENTINO 5 AL 10 DE NOVIEMBRE. ENCUENTRO DE CINE ARGENTINO 5 AL 10 DE NOVIEMBRE. ENCUENTRO DE CINE ARGENTINO 5 AL 10 DE NOVIEMBRE. ENCUENTRO DE CINE ARGENTINO 5 AL 10 DE NOVIEMBRE. ENCUENTRO DE CINE ARGENTINO 5 AL 10 DE NOVIEMBRE. ENCUENTRO DE CINE ARGENTINO 5 AL 10 DE NOVIEMBRE. ENCUENTRO DE CINE ARGENTINO 5 AL 10 DE NOVIEMBRE. ENCUENTRO DE CINE ARGENTINO 5 AL 10 DE NOVIEMBRE. ENCUENTRO DE CINE ARGENTINO 5 AL 10 DE NOVIEMBRE. ENCUENTRO DE CINE ARGENTINO 5 AL 10 DE NOVIEMBRE. ENCUENTRO DE CINE ARGENTINO 5 AL 10 DE NOVIEMBRE.
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Desde la primera edición de Fuera de Campo, en 2024, el contexto económico-social de la Argentina empeoró. La crisis se profundizó, y sus efectos siempre son sobre los cuerpos y ánimos de los habitantes del suelo argentino. El dólar está planchado pero los precios aumentan igual. Cada vez menos personas llegan a fin de mes, mientras los números de morosidad solo crecen. Cada vez es más difícil comprar comida, tener una casa, tener un trabajo, poder descansar. Bombardean nuestra vida y empeoran nuestras condiciones de existencia mientras bombardean simultáneamente nuestros ojos y oídos con basura: propaganda, imágenes hechas con inteligencia artificial del presidente bailando, un flujo de historias de Instagram interminable, festejos por ventas de tierras a extranjeros, paquetes de leyes que facilitan el empobrecimiento de nuestra calidad de vida. Todos los días sabemos de nuevos actos de corrupción sobre los grupos sociales más vulnerados. ¿Qué tiene que decir el cine frente a esta realidad política? ¿Qué puede hacer el cine en esta actualidad de la imagen en movimiento que pone en jaque no solamente la cognición sino el estado vital de las personas? ¿Qué significa organizar un encuentro de cine argentino en ese contexto?
La situación económica de quienes somos parte de la industria audiovisual también empeoró. En 2024, el INCAA estaba paralizado: no había nuevas líneas de fomento, se anulaban los avales de proyectos ya aprobados y las únicas noticias eran despidos, que aún continúan siendo difíciles de contabilizar, entre condiciones de empleos tercerizados, cese de contratos y “colaboraciones” de monotributistas cesadas que podrían engordar cualquier cifra que se pueda calcular. Gracias a datos del Consejo Asesor del INCAA por SICA, se calculan, desde 2023, más de dos mil puestos de trabajo perdidos. Con respecto al fomento de películas, hoy contamos con un INCAA que abrió concursos, pero la cifra es insuficiente para la cantidad de trabajadores y el volumen de producción al que el cine argentino estaba acostumbrado, lo que obliga a los trabajadores del cine a competir entre sí por los pocos puestos disponibles. Se pasó de la situación de no poder filmar a tener que disputar las migajas de un INCAA que promociona en redes sociales películas que no financia, y que, de las que dice poder comprometerse a financiar, todavía no hay muchas noticias. Las películas estrenadas con apoyo de esta gestión son prácticamente nulas, mientras celebran estrenos nacionales en festivales internacionales de películas que no obtuvieron ningún apoyo del instituto. Esta lógica del sálvese quien pueda no es un efecto colateral: corresponde a la imposición de un modelo que mira a los gigantes mientras les promete algunos restos a los medianos y pequeños productores, que atomiza y divide. Y que genera así un estado en el que es cada vez más difícil pensar en conjunto, cada vez más inverosímil imaginar más allá de la próxima película.
Mientras tanto, los fondos del INCAA que le corresponden al cine argentino se colocan en letras del Tesoro, bonos y plazos fijos, CINE.AR está al borde del cierre, las ENERC se encuentran en una situación crítica en materia de financiamiento, las salas que sostienen la exhibición de cine nacional son tratadas con el desdén de la negligencia y el apoyo desde el estado nacional a las provincias es de mínimo a inexistente. Por eso, lanzamos una encuesta a nivel nacional sobre las condiciones laborales de quienes trabajan en el sector audiovisual, cuyos resultados serán compartidos y analizados en una de las charlas de la edición de 2026.
Asimismo, hace décadas que el cine argentino arrastra dos talones de Aquiles aún más castigados por esta gestión, pero también por las anteriores: la preservación y la distribución. Por ley, el presupuesto del INCAA no tiene por destino únicamente la financiación de películas nacionales, sino también velar por su preservación, conservación y restauración. Esta tarea que el Instituto falla en realizar de manera competente hasta el día de hoy, ha sido llevada a cabo por instituciones o entidades privadas que no logran, ni deberían, cumplir con la envergadura de la misión que significa conservar y velar por la historia del cine argentino. La Ley demanda otra cosa. Así como Fuera de Campo no es, ni podría serlo, una iniciativa que sustituya al Festival de Mar del Plata, instituciones de gran trabajo como el Museo del Cine o la Filmoteca Buenos Aires jamás serán el equivalente a una Cinemateca Nacional. La mención aquí del Festival de Mar del Plata no es gratuita: históricamente se trató de un espacio que conservó la tradición de proyectar cine argentino del pasado e incluso hacerlo en fílmico, en los formatos más cercanos a la concepción original de las obras. El desfinanciamiento del Festival y la desidia barrieron una gran cantidad de cupos de la programación destinados al cine del pasado y suprimieron las proyecciones en fílmico. El retiro del proyector de 35mm del Teatro Colón fue un triste síntoma de este abandono del que apenas se oyó alguna noticia. Por eso, en un gesto que busca subrayar la importancia de los formatos en celuloide, no sólo por su estética visual y ritualística sino también por su valor material, archivístico e histórico, gracias a Filmoteca en Vivo y el Cineclub Dynamo, que nunca abandonó ese formato en la ciudad, en Fuera de Campo se van a proyectar películas en fílmico que marcan hitos de la historia de nuestro cine durante todas las noches de la acción. Una programación en 16mm que será acompañada con rescates del pasado que han sido recientemente digitalizadas para su distribución. Como las escenas que están grabadas en su celuloide, las películas en fílmico que no se proyectan, o ni siquiera se mueven de bobina a bobina, son películas destinadas a morir.
Hacemos Fuera de Campo porque los números del año pasado dicen algo que los funcionarios prefieren no escuchar. Según cifras oficiales del área de Fiscalización del INCAA, el 40º Festival de Mar del Plata reunió 9.102 espectadores en once días: poco más de ochocientas personas por jornada, para más de 150 películas repartidas en varias sedes. En cuanto a los datos concretos, la edición de 2023 reunió alrededor de 150.000 y 160.000 espectadores. En dos años, la asistencia al único festival Clase A de Latinoamérica cayó más de un 90%. Ese mismo noviembre, a pocas cuadras, Fuera de Campo reunió 6.000 espectadores en una sola sala durante seis días. Y el fin de semana en que convivimos fue el de mayor concurrencia del Festival oficial. No es cierto que no haya espectadores para el cine argentino. Hay una minoría intensa decidida a participar de su cine, curiosa por sus discusiones, preocupada por su futuro y por contagiar su amor a la mayor cantidad de gente posible. Pero no es suficiente: es necesario reconquistar a aquella mayoría que supo hacer del Festival de Mar del Plata un espacio propio.
Fuera de Campo lo hacemos muchas, muchas personas. Las que miran las películas, las que las proyectan, las que venden las entradas, las que acomodan en sala, las que gestionan las redes, las que organizan las charlas, las que piensan formas de financiarnos, las que conversan entre sí sobre las películas, las que escriben en el catálogo y por fuera de él, las que hacen las películas y las prestan, sin pedir nada a cambio. Fuera de Campo no es un emprendimiento privado exitoso ni una alternativa sustentable al Festival de Mar del Plata, sino un evento autogestivo que se sostiene gracias al trabajo desinteresado, ad honorem, de muchísimas personas. Cada año que pasa empezamos más temprano a pensar en Fuera de Campo, nos reunimos más temprano, nos peleamos más temprano. No cobramos. No nos beneficiamos económicamente. Pagamos nuestros propios traslados y alojamiento, al igual que los hacen los equipos de las películas invitadas. No estamos en contra del apoyo estatal: queremos un festival que sea organizado por el Estado argentino y que no se rija únicamente por lógicas mercantilistas, un festival donde el cine argentino tenga un lugar primordial, donde las entradas tengan precios populares, y donde los espectadores sean desafiados, interpelados estéticamente, no subestimados. Queremos que a las películas argentinas, las que ganan festivales internacionales y las que no, las vea el público argentino, y las vea en su ciudad. O en sus ciudades. Este año, celebramos nuestra tercera edición en Mar del Plata habiendo realizado cinco muestras en cinco provincias diferentes: Neuquén, Salta, Jujuy, San Luis, Río Negro, y preparando varias más, con vistas a recibir propuestas de seguir proyectando más películas argentinas en cualquier ciudad que esté dispuesta a recibirlas.
Algunos de los organizadores de estas acciones federales, que han aportado textos y crónicas sobre la experiencia de realizar muestras en sus ciudades –que se pueden leer en nuestro catálogo– van a acercarse a Mar de Plata a ser parte de este nuevo encuentro de cine argentino. Un gesto que reúne mucho de lo que Fuera de Campo busca contagiar: un llamado a la organización, a la reunión de personas con gustos, pasiones y objetivos comunes. En una época que incita a la atomización, al aislamiento, a la alta segmentación y a imágenes cada vez más degradadas, banales e intercambiables entre sí, el cine quizás sea el mejor vehículo para que espectadores se junten con otros espectadores, iguales, parecidos o completamente distintos, y formen a través del encuentro y la conversación relaciones virtuosas que resulten en acciones concretas de cara a un futuro mejor para el cine, pero también, por qué no, para el pueblo argentino. Invitamos a pensar en las imágenes de nuestro presente, pero también en aquello que sucede más allá la próxima película. Fundamentalmente, en todas aquellas que podrían, o pueden, llegar a venir.
LAS Y LOS ORGANIZADORES DE FUERA DE CAMPO

