Sinopsis

Una mujer recorre un basurero en las afueras de una ciudad. Entre los restos, encuentra una antigua caja con una pequeña, diminuta corona en su interior. A partir de ese gesto, algo sucede. Un mundo antiguo, natural y mágico se abre para que lo contemplemos. Ambos espacios, de alguna manera, conviven. De alguna manera, nunca terminan de separarse.

Sobre su producción

Una oración pagana no partió de un guión ni de una idea previa, sino de una intuición. Tras la pandemia flotaba un malestar existencial, un desconcierto colectivo que aún no encontraba forma. Apareció entonces una necesidad simple: salir con una cámara y mirar.

Al comienzo no había una película que buscar, sino apenas un plano: ir a un espacio, permanecer allí y filmar, y dejar que ese plano condujera a otro. Una imagen evocaba un lugar, una forma, una luz o un sonido que pedía ser filmado en otro sitio. Así se armó un mosaico de imágenes unidas por un juego de espejos. Durante largos períodos se filmaba un plano por día, sin saber adónde llevaban esas correspondencias.

Dos descubrimientos organizaron la película. El primero fue el asombro ante la cámara: su capacidad de acercarnos a las cosas y revelar lo que no percibimos a simple vista, una mirada no del todo humana, casi oracular. El segundo surgió al intentar comprender esas imágenes: un plano pedía otro que lo continuara, lo contradijera o lo completara, y en ese encadenamiento asomaba un pensamiento. La cámara encontraba las cosas; el montaje construía una mirada sobre ellas.

El proceso fue circular: filmar, seguir una pista, montar, volver al mundo a buscar la imagen que faltaba. La película llegó a durar una hora cuarenta, luego una hora diez, hasta hallar su forma actual, de 46 minutos. Cada corte transformó las relaciones entre las imágenes, y de ese proceso emergió el interrogante que hoy es Una oración pagana.

Sobre UNA ORACIÓN PAGANA

¿Qué queda para los mediometrajes, si los cortos ya son marginados de cualquier festival o muestra de cine, como nenes relegados a la mesa de los chicos en el asado? No son ni lo suficientemente breves como para agruparlos todos juntos en un programa, ni sucumben a la tentación de estirarse como chicle para llegar a los 60 minutos, ese número aleatorio que la convención definió como el inicio del mundo del largometraje. En ese terreno intermedio, extraño e indefinido, se plantan los mediometrajes, un formato honesto, ajeno a la especulación. Y es con todos estos adjetivos que se podrían empezar a describir los 46 minutos de Una oración pagana, la nueva película de Juan María Mónaco.

El hallazgo azaroso de un pequeño tesoro en medio de un basural funciona como la llave que abre un portal hacia otro mundo, hacia el pasado o quizás hacia un estadio espacial intermedio. La definición concreta no importa: el hallazgo de una mujer nos traslada hacia bosques etéreos, arroyos cristalinos y castillos de piedra; un paisaje coronado por una voz en off en una lengua quizás celta, quizás escandinava, pero ciertamente extraña para nosotros, que narra una antigua fábula, la historia de una doncella.

Pero los planos de Mónaco revelan algo más para el ojo atento: aunque puedan parecerlo, los paisajes que la cámara recorre con parsimonia no son de las tierras altas de Escocia, ni fiordos escandinavos. Se trata, en cambio, del sur de la provincia de Buenos Aires, de postales de una zona entre Centinela del Mar y Arenas Verdes. Espacios que encarnan las tierras mágicas donde tiene lugar el derrotero de una doncella que deambula por bosques y montes. Paisajes suplementarios de Mónaco que, además de solventar un problema práctico, abrigan una operación poética: el dispositivo ficcional Una oración pagana aloja elementos que le pertenecen al mundo para apropiarse de la indefinición y proponer un juego de espejos.

En el ir y venir se cifra un conflicto: la dignidad humana está bajo acecho, aquí, allá y en todos lados. Sobrevuela cierta intoxicación en el mundo que parece haberle hecho olvidar a la raza humana nociones vitales básicas. Y es en el arco de esta fábula donde anida un estado de ánimo que busca salvaguardar cierto calor olvidado, mientras, con doncellas, magos y cofres con tesoros, se pone a prueba esa frase de Borges donde plantea que “lo verdaderamente nativo suele y puede prescindir del color local”. Es difícil saber a qué dios le reza esta oración de Juan María Mónaco, pero lo cierto es que lo hace con un lenguaje y una cosmovisión que nace de lo más profundo de las pampas. Podría ser la letra de una zamba o el remate de una payada, pero es la voz añosa en un idioma indescifrable la que nos recuerda que “hasta los hombres más poderosos se convierten en abono para la tierra”.

TOMÁS GUARNACCIA

Ficha técnica

CP Doncella Cine
Dir G DF M Juan María Monaco
P Alexis Godoy, Juan María Monaco
DS Alexis Godoy
DA Mae Raffaghelli
V Patricia A. Cagni
E Brenda Llobet Fazzone, Carlos Mallo, Elida Gonzalez, Catalina Palacios, Vitto Mónaco, Ludmila Godoy

BIO

Juan María Mónaco nació en 1998, creció en las pampas del país y se formó en cine y filosofía en Buenos Aires. Su primer largometraje, Ofrenda (2020), estrenó en IFFR y se proyectó en La Cinémathèque Française. La película obtuvo el premio a Mejor Película en Biarritz Amérique Latine y participó en otros festivales internacionales como Molodist Kiev. Actualmente está rodando su próximo largometraje, Ese mismo olor a leyenda, ambientado entre Noruega, Samoa y Argentina.

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