Sinopsis
En el barrio bravo de Tepito, un niño se enfrenta al gran sueño mexicano: convertirse en campeón de boxeo.
Sobre su producción
Después de la Palma de Oro, se volvió importante definir la nacionalidad del cortometraje. Lo más interesante de esa tarea fue preguntarse si la hereda de su director, de sus compañías productoras o de sus personajes. Uno sueña con que las fronteras de la cultura no sean las mismas que las de la geopolítica, pero está claro que los países se sirven del cine (y el deporte) para construir una identidad y proyectarse al mundo.
En este cortometraje hay pocas coincidencias: la historia es mexicana; la producción es mexicana, francesa, chilena e inglesa; y muchos compañeros del equipo y yo somos argentinos. Los nombres que se repiten en los créditos de Para los Contrincantes y Simón de la montaña son montaje, fotografía, sonido, color, dirección y guión. Simón… fue uno de los últimos largometrajes de ficción apoyados por el INCAA antes del cambio de gestión. Después de que recibiera el gran premio de la semana de la crítica en Cannes, pensamos habernos ganado el derecho a seguir haciendo cine. Sin embargo, las ofertas laborales en Argentina consistieron en trabajos de publicidad o plataformas. Ninguno de nosotros consiguió sostenerse en nuestro país únicamente gracias al trabajo en cine. La otra alternativa fue migrar: en mi caso, aplicando a residencias o fondos de instituciones públicas extranjeras que apoyen eso que nuestro país no apoya, para conseguir tiempo y libertad para pensar y escribir nuevos proyectos.
Como muchos otros argentinos, aterricé en México, que es al mismo tiempo tan parecido y tan distinto a Argentina. Me enamoré de muchas personas e historias y este cortometraje nace de ahí. Pensar en su nacionalidad es pensar en esa distancia-cercanía que puede tener un argentino viendo una costumbre mexicana o viceversa. En esa distancia hay un componente cinematográfico.
Sobre PARA LOS CONTRINCANTES
En Tepito, barrio ubicado en el corazón de la Ciudad de México, Damián, un niño boxeador, pelea con un contrincante ocasional a quien jamás vemos de frente. A la cámara de Federico Luis no le importa lo que ocurre alrededor, solo Damián: los golpes que recibe van cargando de aplomo su mirada. Buena parte de los catorce minutos de Para los contrincantes se sintetizan en un rostro, un casco rojo, un protector bucal, sudor y varias gotas de sangre. El sonido es otra historia. Oímos voces que parecen lejanas: “¡Duro a la cabeza!”, “¡Suelta más las manos, cabrón!”, “¿Ya estás cansado o qué?”. Se superponen, presión sobre presión sobre presión. La cámara toma una postura. Parece decirle: solamente vos, Damián, sabés lo que significa estar ahí. Concluido el combate, al sudor y la sangre se le suman unas pocas lágrimas.
Si me hicieran ver Para los contrincantes sin ningún tipo de contexto ni referencia, me las vería peludas para adivinar el año de rodaje. La razón más obvia es su textura áspera, su grano, que remite de forma inequívoca al siglo veinte. No solo la textura: el mismo hecho de observar a un personaje en plena acción, todo ansiedad y movimiento, y que en esa observación se transmitan emociones y una idea sensible del mundo, resulta por momentos extemporáneo. En ese desequilibrio entre su distancia como objeto y su intimidad emocional tal vez resida el secreto del éxito de Para los contrincantes, que ganó la Palma de Oro al Mejor Cortometraje en la última edición del Festival de Cannes.
No sabemos cuál será el futuro de Damián: ¿tendrá una larga carrera como boxeador?, ¿o descubrirá temprano, como decía Muhammad Ali, que soportar los golpes del adversario le resulta más fácil que el dolor que siente cuando golpea él? Ni siquiera sabemos si ahora, a los once años, su afán de ganar es propio o el resultado directo de esa presión adulta que llega como truenos. Tras la pelea, el boxeador y un amigo atraviesan entre risas las calles húmedas de Tepito. Vemos las gotas caer en el pavimento como dedos sobre las teclas de un piano; las luces en las paredes anaranjadas remiten a William Eggleston y a Hou Hsiao-hsien. Ya está. Escapen. No siempre se trata de saber. Pero de algo podemos estar seguros: los niños que confronta arriba del ring no son los únicos contrincantes. Ni siquiera son los peores. Damián, torito: ¿dónde yace tu sonrisa escondida?
ÁLVARO BRETAL
Ficha técnica
CP Planta, Cárcava, Fiasco, Deptford, Les films du worso, Estudios Churubusco Azteca, Cineteca Nacional de Chile, Aura Lens Rental
Dir G Federico Luis
DF Marcos Hastrup
DA Ángela Bravo
M Andrés Medina
P Fernando Bascuñan, Fernanda de la Peza, Elena Fortes, Augusto Matte, Hector Sulaiman, Alejandro Arenas Azorín, Sylvie Pialat
S Martín García Blaya
Mus Satoshi & Makoto
BIO
Federico Luis nació en Buenos Aires en 1990. Su ópera prima, Simón de la Montaña, ganó el Grand Prix de la Semana de la Crítica de Cannes 2024, así como los premios a Mejor Película en Múnich y Lima. En 2023, En el mismísimo momento ganó el premio a Mejor Cortometraje en el IDFA, y Quédate quieto o te amo ganó el premio a Mejor Cortometraje en el Festival de Mar del Plata. Su cortometraje La Siesta se estrenó en la Competencia Oficial de Cortometrajes de Cannes 2019, donde ganó el premio BAFICI y recibió una Mención Especial en TIFF. Actualmente está desarrollando su segundo largometraje, The Dog Trainer, seleccionado por The Residence de Cannes, TorinoFilmLab, la Residencia de la Academia de Cine Española y Oxbell.