Sinopsis
Juana, una niña de 9 años, tiene un accidente andando a caballo y es internada en un hospital vaciado y sin recursos del interior de la Argentina en 2001. Al despertarse y ver una gran cicatriz en su cuerpo, se da cuenta de que ha sido operada. Desde ese momento, lucha por volver a caminar y recuperar su autonomía. Pero mientras el proceso externo parece mejorar, hay algo en su interior que muere. Solo la palabra habilitada entre los miembros de la familia hará que Juana se ponga de pie como un milagro del agua y recupere la infancia que la vida le arrebató.
Sobre su producción
El agua nunca dolió arrancó a desarrollarse hace nueve años. En el 2018, la película ganó el concurso de desarrollo Raymundo Gleyzer del INCAA. A aquel premio nunca pudimos acceder porque las políticas del gobierno cambiaron y tanto nosotras como nuestros compañerxs nos quedamos con el sueño de hacer nuestras películas.
Con el paso de los años, junto con Tatiana Oruste, nunca bajamos los brazos. Convencidas de que haríamos la película y de que la haríamos con el instituto, recorrimos todos los espacios que pudimos, tocamos todas las puertas buscando convencer a la gente de que hacer esta película era necesario. Que era la primera vez que íbamos a lograr algo así como provincia, que, como país, debíamos detenernos a narrar otras infancias, otros ritmos, otra forma de estar en el mundo. Un productor nos dijo que San Juan no existía en el mapa audiovisual de la Argentina y no hubo impulso más grande para demostrar que sí.
En el 2021 el INCAA nos notificó que el premio de aquel entonces cambiaba y que ahora, si queríamos hacer la película, debíamos ir por Audiencia Mediana. ¡¿Audiencia Media?! Nos miramos con Tatiana e inmediatamente nos pusimos a investigar qué era eso de la audiencia media y cómo hacía una, perdida en el medio del desierto, para obtener esa tal cosa. Y allá fuimos.
En 2022 el INCAA nos otorgó el interés: “Ojalá sepan echar mano de ese equipo para lograr la hermosa obra que quieren hacer”. Lloramos mucho, pensamos una estrategia en la cual pudiéramos trabajar lxs sanjuaninxs, los cuales muchos (por no decir todos) no habíamos estado nunca en un rodaje de un largometraje. Vendimos remeras, contactamos a colegas y referentes de otras provincias del país, viajamos por el mundo y no paramos hasta encontrar a nuestros actuales coproductores y productores asociados, personas que se pusieron al hombro la película desde la confianza plena.
El día que asumió Javier Milei comenzamos a filmar esta película. Una película que habla de la crisis en un país en crisis. Una película hecha en San Juan, por sanjuaninxs. Porque creemos en ese cine, un cine territorial que nos permita abrir otros caminos posibles para construir un país más diverso, más equitativo y más justo. Un país donde quepan todas las formas de hacer cine. Al productor que nos dijo que San Juan no existe en el mapa audiovisual de la Argentina, lo invito a ver El agua nunca dolió en esta hermosa muestra llamada Fuera de Campo Cine.
Sobre EL AGUA NUNCA DOLIÓ
El sonido envolvente del agua, golpes metálicos, una voz que reza en susurros. Lo que vemos es nebuloso, nervioso. Entramos a la película desde una situación límite: un accidente cambia la vida de una niña y de su familia, en un contexto social y económico también frágil e inestable. Un entramado de vulnerabilidades que se cruza con otro: la infancia. Juana tiene nueve años y su perspectiva es la del descubrimiento, pero también la del miedo. El agua nunca dolió nos sumerge en un estado de cosas y sentimientos desde la experiencia corporal de una protagonista de rostro fascinante y mutante. Sus facciones se reordenan, se fruncen, se despejan y se iluminan, haciendo visible aquello que todavía no puede nombrarse. Es desde ese roce entre la historia personal y la historia social que la película construye su mirada: un cuerpo herido que intenta volver a ponerse de pie. ¿Dónde encontrar el impulso para salir a flote cuando en las calles, las escuelas, la televisión y los santuarios se percibe el desánimo, la sensación de que “nos estamos yendo todos a la mierda”?
El montaje trabaja con planos detalle y encuadres descentrados. Lo que muestra invoca aquello que no muestra, y ese desajuste nos acerca progresivamente a la perspectiva de Juana. Ana Clara Bustelo recupera, con claros guiños martelianos, una composición horizontal que permite narrar la infancia desde su propia altura: los rostros adultos quedan recortados, sus expresiones y respuestas más cargadas permanecen fuera de campo. La operación no es únicamente estética: modifica qué puede saber y ver Juana, y convierte el encuadre en una forma de pensar la relación entre generaciones, la tensión entre una infancia que busca ser comprendida y un mundo adultocéntrico que le exige quietud mientras la mueve de un lado a otro.
La culpa adulta y un helado que se derrite; los berrinches del día y las conversaciones de los padres durante la noche; el caballo y la carrera que todavía se quiere correr. Juana le pide a la Difunta Correa ayuda para que le salga un dibujo de caballo como antes, mientras escucha una y otra vez una canción pop que dice “Algo cambia, cambia de lugar… sabe ya mi cuerpo antes que los demás”. La película parece buscar allí, en esos pequeños gestos, bloqueos y obsesiones, una forma de abordar una experiencia.
Así, como en Martel también, el agua funciona simultáneamente como materia visual, experiencia corporal y figura de pensamiento. Todo se siente y repercute. Frente a un contexto marcado por la crisis y la impotencia, El agua nunca dolió encuentra en el cuerpo sumergido una posibilidad de transformación: volver a ponerse de pie, reinventar los vínculos y romper el círculo. Una forma de videncia que nace de la experiencia sensible, de aquello que se percibe antes de poder nombrarlo.
FERNANDA ALARCÓN
Ficha técnica
CP Pez Dorado
CoPLa mayor cine, Intropia Media
Dir Ana Clara Bustelo
P Tatiana Oruste, Serrana Andersson-Torres, Federico Moreira
G Ana Clara Bustelo, Valentina Wiens
M Magdalena Schinca
DF Santiago Sgarlatta
DS Federico Moreira
DA Marianela Fasce
ADir Damián Nagel
V Sol Muñoz
E Máxima Moral Fernández, Celina Carrascosa, Martín Aguado, Gema Zevallos, Jose Annechini
BIO
Ana Clara Bustelo es guionista y directora argentina. Es magíster en Guión por The Core School (Madrid) y Licenciada en Cine y Televisión por la Universidad Nacional de Córdoba. Complementó su formación en Argentina, Colombia y Cuba. Su obra parte de vivencias personales y explora especialmente el territorio sanjuanino. Aborda la infancia y la adolescencia desde una mirada íntima y nostálgica, con especial interés por representar lo roto: los márgenes, la discapacidad, las disidencias y las identidades y corporalidades diversas.
Entre sus trabajos se encuentran El agua nunca dolió, su ópera prima de ficción, coproducida entre Argentina, España y Uruguay; la miniserie El club de las fracasadas; y los cortometrajes Mamá: membrillo, dolor y sangre y Los niños sapos, ganadores de Historias Breves 2023 y 2025. Actualmente filma en España La casa del mar, su primer largometraje documental experimental, y desarrolla Entre caballos y coronas, su segundo largometraje de ficción. Imparte talleres de guión y dirección, entre ellos un taller de cine dentro del servicio penitenciario de San Juan, y coordina Proyecto Querida, una iniciativa federal que conecta a directoras de distintas provincias argentinas para visibilizar sus obras y generar redes de creación y trabajo.