Sinopsis

EXP.MASC.AD es un cortometraje de archivo construido a partir de videos que filmé durante 2011 con un celular Nokia 5230 mientras transitaba la secundaria, cuando el acto de registrar imágenes era simplemente captar por captar, sin un "para". Quince años después, aparece el "para" y esos registros se resignifican editandolos con un Samsung A26. A través de fragmentos lúdicos y violentos el corto retrata la experiencia (hetero) masculina adolescente donde el capturar imágenes era mi refugio y diversión. EXP.MASC.AD también dialoga con la evolución del aparato tecnológico celular: en 2011 el celular democratizaba el registro audiovisual, en 2026 democratiza de algún modo el montaje.

Sobre su producción

EXP.MASC.AD fue creada a partir de videos que filmé durante mi adolescencia mientras cursaba el secundario en una escuela pública de J.J Castelli (Chaco) y no sabía que quería dedicarme al cine. Los videos los filmé con un Nokia 5230, uno de los primeros táctiles de la época. “Checho”, el más alto que aparece en los videos, era el bully al que todos temían. Me gané su amistad porque lo hacía reír y gradualmente me convertí en el filmador de sus peleas, pero lo cierto es que fue el rol que yo encontré para no participar en ellas.

Pasaron los años y la idea de usar esos archivos estaba latente, cada tanto volvía a ellos para recordar esas épocas o mostrárselos a algunos protagonistas y reírnos. Ingresé a una carrera audiovisual en la UNNE, en Resistencia, y me recibí de Técnico en Diseño de Imagen, Sonido y Multimedia. En esos años escribí guiones, filmé y participé de varias producciones audiovisuales, aprendí en cierta medida el oficio del cine.

Actualmente tengo un trabajo que demanda muchas horas de mi vida y mi participación en rodajes se redujo bastante, y mucho más la posibilidad de filmar guiones que tengo escritos. La idea de la película me vino el 31 de marzo cuando estaba escuchando en internet una charla sobre videoarte de la UNA y empecé a reflexionar sobre el hecho tecno/primitivo de filmar por filmar sin intención, ahí recordé estos videos y decidí dotarlos de intención. Anoté en un bloc de notas del celular las ideas que representaban esas imágenes: violencia masculina en la adolescencia; el hecho mismo de filmar por filmar, la importancia del archivo. Cierta precariedad en mi equipo, concretamente el de mi computadora, me empujo a que edite los archivos desde mi celular durante mis tiempos libres del trabajo porque  funciona mejor para editar video (¡hasta tiene más RAM que mi notebook!). Ya empezaba a cerrar perfectamente la obra: nació de un celular viejo y se finalizó en un moderno.

Sobre EXP.MASC.AD

El adolescente adolece, dentro de sí mismo y para los demás. Incomodidad vívida, molesta porque no encaja, no está en ningún lado, ni antes ni después. Es la prueba andante de una metamorfosis. Desgarbado, demasiado demasiado, ocupa torpemente, a su pesar, un espacio que no estaba acostumbrado a ocupar, simultáneamente frágil y violento. Es imposible, es extremo, es y no es. Se lo está figurando.

Por eso EXP. MASC. AD irrumpe de golpe y porrazo, y un chico le hace a otro una llave que lo deja en el piso. Pero lo hacen con el telón de fondo de la música de tinte bucólico de un tal “Robert Leezery”, lo más probable —y ojalá— un inventado. Varón contra varón, uno tras otro caen al piso, se revuelcan, se cargan, se atosigan, se están encima, encima, encima. Corren uno detrás del otro y la imagen celularística se mueve con ellos: el Nokia 5230 que cristalizó esas canalladas y cariños ambiguos no tiene la estabilidad del presente, sino que devuelve una pantalla bamboleante, una imagen que de tan capturada, se rompe. El peso del mundo todavía era mucho para ese aparato.

Crecer es un lujo. Por eso las imágenes de EXP. MASC. AD, aun en sus severos cuatro minutos, saben a pérdida. Saben a aquello que es imposible de reproducir, porque emularlo no tendría sentido. Nadie quiere, con una mano en el corazón, volver a la adolescencia. 

Cuando el sonido de la risa dé paso al ruido del caño de escape de la moto, todo habrá terminado. El viento se oye demasiado fuerte, azotando los ínfimos y rudimentarios parlantes de este atesorado y en ese momento naturalizado Nokia 5230. Querríamos que nuestra presencia en esa moto con ellos, dos, que van uno manejando y otro filmando, ambos riendo, dure mil minutos, mil horas, mil años. Vivir un ratito más en esa pantalla movediza, que hace que la imagen flamee como una bandera, que nos obliga a recordar que antes el mundo no estaba tan quieto, que antes nuestro reflejo no se nos devolvía detenido. Pero esos preadolescentes son un segundito de nuestras vidas, como lo fueron de las suyas. Así quedaron retratados por una tecnología obsoleta, que llegó para irse, que se quedó para aburrirse, que fue necesaria y que ahora nadie recuerda. Pero no todo lo que se llora es para llorar, parece decir Leonel Vidaurre: no hay píxel que por bien no venga. Puede que recordar, en algunos casos, pueda ser vivir para siempre.

LUCÍA REQUEJO

Ficha técnica

Dir P G F S M Leonel Vidaurre
Mus Robert Leezery

BIO

Leonel Vidaurre nació en la ciudad de Juan José Castelli (Chaco). Vive en Corrientes y es egresado de la Tecnicatura en Diseño de Imagen, Sonido y Multimedia en la Facultad de Arte, Diseño y Ciencias de la Cultura (UNNE). Escribió y dirigió cortometrajes como Peso muerto, Carcosa, Resistencia Neon, Les Pi de Caste, Paseo, que participaron en diferentes festivales de cine. Actualmente forma parte de la productora Yuchan Prod de Castelli, trabaja como realizador audiovisual, es redactor en Canal 9 Resistencia, dirige @Cinematerere y también es adscripto en la Cátedra de Guión en la carrera de Diseño de Imagen Sonido y Multimedia de La Fadycc (UNNE).

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