Sinopsis

La búsqueda de la inmortalidad es un libro dividido en tres capítulos con 128 páginas. Pero, también, 3420 fotogramas, filmado a 18 cuadros por segundo con una Bolex H16 Rex, en 16mm. Quizás, buscar la inmortalidad, sea eso: intentar capturar una totalidad, imposible y fragmentaria. Y fallar.

Sobre su producción

El modo de producción de la película estuvo en directa relación con las necesidades materiales de la película. A decir verdad, uno podría decir que todas las películas podrían pensarse de esa manera, pero ésta en particular partió de eso. Un libro físico/un material fotoquímico, registrado con la única cámara posible para hacerlo: una Bolex 16mm que permitía registrar fotograma por fotograma la totalidad del libro. Pero también una película que partía de una paradoja, de una contradicción: una película sobre la imposibilidad física de retener las imágenes (en principio, por su excesiva velocidad), a través de una experiencia física inversa: la minuciosidad, la lentitud laboriosa del pintor puntillista, que desmiembra sus partes, sus colores, para después volverlos a unir. Eso era, también, parte del proceso de producción de la película.

Sobre LA BÚSQUEDA DE LA INMORTALIDAD

Lo que define al cine experimental no es tanto la extravagancia de sus misiones como la complejidad de los mecanismos que utiliza para abordarlas. Algunas películas, incluso, llegan a constituirse de manera diametralmente opuesta al mismo objeto que las convoca. En La búsqueda de la inmortalidad, Nicolás Zukerfeld traduce las más de cien páginas del libro homónimo de Time Life a miles de efímeros fotogramas. A un escrito sobre lo eterno le dedica un montaje acelerado en el que cada imagen se vuelve fugaz, emulando una especie de cámara parpadeante que crea un movimiento fluido y unificado, detenido solo unos segundos en la tapa y la contratapa: su principio y su final. 

El registro en 16 mm remite a una experiencia que se acerca más al orden de lo material. Sin embargo, no es el texto ni su revestimiento lo que interesa al director, como tampoco la idea de perpetuar sus imágenes. Más bien, lo contrario: el fílmico nos acerca a lo efímero y su traslado al formato digital tampoco garantiza una vida eterna. En una obra que toma un libro como objeto de diseminación, Zukerfeld reflexiona sobre la propia existencia del cine, sobre su naturaleza perecedera. Al menos, en un plano físico. ¿Existirá alguna otra dimensión en la que el cine funcione como elixir de la vida?

HÉCTOR DASTOLI

Ficha técnica

CP Garúa Cine
Dir G Nicolás Zukerfeld
P Nerina de León Tonno, Ignacio Lopardo
DF Fernando Lockett
ACám
Lucía Ciruelos

BIO

Nicolas Zukerfeld es egresado de la Universidad del Cine (FUC). Es docente en la Universidad del Cine y profesor del colegio secundario Paideia. Guionista y director de diversos cortometrajes proyectados en el BAFICI y en Festivales Internacionales, su cortometraje Y ahora elogiemos las películas ganó el premio al mejor cortometraje del 32° Festival Internacional de cine de Mar del Plata. Co-dirigió el largometraje colectivo A propósito de Buenos Aires (2006) y, junto a Malena Solarz, El invierno llega después del otoño (2016) estrenada comercialmente en el 2017. En el 2020, después de pasar por diversos festivales, estrenó comercialmente No existen treinta y seis maneras de mostrar cómo un hombre se sube a un caballo. Su último cortometraje es Un hombre se tira al agua (2026), estrenado en FID Marseille. Como crítico de cine es parte del staff de Revista de cine.

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