Sinopsis

Organizada en forma de díptico, toma como punto de partida las cartas que se envían desde prisión Alicia Eguren y John William Cooke, cuando son detenidos luego del Golpe de Estado de 1955. En ellas, se prometen una vida amorosa futura, y hablan del hijo de Alicia, que tiene que vivir con su abuela mientras su madre está presa. En el presente, Pedro hace un relato personal de esa historia. El carácter extraordinario de los episodios y personajes que Pedro pudo conocer y atravesar nos da una perspectiva singular, un mosaico histórico cuya revisión se hace urgente bajo el influjo de la desmemoria y la amenaza del olvido que hoy se cierne sobre nuestro país. 

Sobre su producción

Todo comenzó en un viaje rumbo al FICER, donde nos dirigíamos para dar un taller. Hacía calor, y mientras recorríamos la circunvalación de Santa Fe, leíamos en voz alta las cartas que se enviaban Alicia Eguren y John William Cooke cuando ambos estaban presos en distintos penales luego del golpe de estado del 55. Como en un embrujo, abstraídos de todo lo demás, subyugados por esa prosa, tan llena de detalles, gracias y pequeñas galanterías. Años de prisión y de un amor que se consuma en papeles escritos a deshora, iban tejiendo promesas en las palabras con apenas haber compartido tiempo juntos, mientras pasaban de penal en penal, hasta fugarse. Nos fascinó la intensidad de esa vida y la potencia política de ese amor. Habíamos llegado a las cartas por el libro Alicia en el país, de Miguel Mazzeo, y también supimos que una agrupación universitaria en Córdoba llevaba el nombre de Alicia. Nos pareció misterioso qué poco la conocíamos. Cuando estábamos por cruzar a Entre Ríos, surgió el impertinente chispazo de una película sobre Alicia y John, un melodrama de los años 60, un policial romántico tal vez, y nos iluminamos, imaginando los colores azules de esas posibles escenas. Para eso, como siempre, había que investigar y en esa tarea nos embarcamos. Miguel Mazzeo fue un gran aliado, respondió nuestras preguntas con infinita paciencia. Gracias a él pudimos conocer a Pedro Catella, hijo de Alicia Eguren, que vive en México. A partir de ahí, se impuso otra película, una radicalmente diferente, hecha con urgencia e intuición. La película sería sobre Pedro. Y ya no sería otra ficción, sería otra cosa. Y para eso había que ir a México.

Sobre PEDRO EN EL PAÍS

La historia del movimiento peronista está hecha de alegría y resistencia. Hay momentos en los que creemos que en la ruleta de la historia esta vez nos toca y el futuro es de plenitud, otros momentos en los que hay que recordar y repartir la palabra aunque el sentido común indique lo contrario y haya más para perder que para ganar. El movimiento es así: el recuerdo del bienestar alimenta la resistencia, el trauma nos obliga a dormir con un ojo abierto. Quizás esta descripción sea más bien una expresión de deseo porque es difícil pensar en cuál de las fases del ciclo estamos. No muchos se animan a algo y los recuerdos duran poco. Así, Pedro en el país, de María Alché y Benjamín Naishtat, es una bocanada de aire fresco. La película tiene en su centro a Pedro Catella, el hijo de Alicia Eguren –criado también por la pareja de Alicia, John William Cooke–, en una entrevista larga y atenta. Lo escuchamos contar toda su historia, desde que traficaba microfilms con información en contra de la Revolución Libertadora cuando tenía menos de diez años y su madre estaba presa, pasando por la lucha armada en Argentina y Cuba, hasta su vuelta del exilio a mediados de los ochenta, ya con su madre desaparecida, cuando sintió la náusea de la patria alfonsinista. Catella ahora vive en México y recuerda sin neurosis ni cálculo: la asunción del camino de sus padres, teóricos y guerrilleros, se da de una manera natural y nos sorprende la tranquilidad con la que cuenta escenas de violencia. La política era algo vivo porque incluía la posibilidad de la muerte. Había un sentido porque el presente era intenso, el pasado estaba a mano y el futuro a la vuelta de la esquina. 

La película, de tono crepuscular, no trata de aumentar la intensidad de lo narrado con algún truco de puesta en escena. Tiene la inteligencia suficiente para escaparse de la historia billiken y va hacia lo fundamental: las torsiones de la voz, algunos tics, el movimiento de las cejas combinadas con la cabeza, hacia atrás, como dando a entender algo obvio. De esos gestos, olvidados o imperceptibles, está hecha la carne de la historia. Vidas más grandes que la vida, y sin embargo Pedro nos cuenta de la obsesión por los panettone de Cooke o la insistencia de Alicia para que los guerrilleros escuchen a Rostropovich en el campo de batalla de Cuba. Lo personal es político, etcétera, pero uno puede no darse cuenta de eso hasta que ve cómo le tiembla la pierna a Pedro Catella.

LAUTARO GARCIA CANDELA

Ficha técnica

Dir G P María Alché, Benjamín Naishtat
CoP Elisa Pirir, Jesse Cumming
PA Jim Stark, Nicolás Celis, Bárbara Francisco
ConsHist Miguel Mazzeo
DF Marcelo Lavintman
M
Núbia Campos Vieira
SD Carmen Lavintman
PPS Fernando Ribero
Col Luisa Cavanagh
Arch Milena Acosta
DisTit Andrea di Cione
Int Pedro Catella

BIO

María Alché es guionista, directora y actriz. Su ópera prima, Familia Sumergida (2018), fue estrenada en el Festival de Cine de Locarno. Su segunda película, Puan (2023), en co-dirección con Benjamín Naishtat, fue exhibida en festivales internacionales recibiendo premios y distinciones. Es co-guionista de Nuestra Tierra (2025), película dirigida por Lucrecia Martel, y estrenada en la 82a edición del Festival de Venecia.

Benjamín Naishtat nació en Buenos Aires en 1986, donde vive y trabaja. Su primer largometraje Historia del Miedo (2014) participó en la Competencia Oficial de la 64a Berlinale y ganó el Grand Prix del Festival de Jeonju y el premio a mejor película en el Festival de San Francisco. Su segundo largometraje, El movimiento (2015), tuvo su premiere en el 68 Festival de Cine de Locarno en 2015. Rojo (2018) tuvo su estreno en el Festival Internacional de Cine de Toronto.

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