Sinopsis
Marcos está preso. En la cárcel, su posesión más preciada es un teléfono celular que entró su novia. Con él, Marcos graba y manda videos a Toia. Juntos hacen esta película. A través de ese intercambio clandestino, Plata o mierda relata la vida de Marcos en prisión y la particular relación que con Toia construye. Esta es la historia de quien deja escapar imágenes para no dejarse vencer por el encierro.
Sobre su producción
La historia de esta película va de la mano con la relación que Marcos y yo fuimos construyendo. Es difícil distinguir una cosa de la otra. Siempre digo que la intuición de que podíamos hacer algo juntos la tuvo primero él. Cuando lo detuvieron en la comisaría de Burzaco, su novia de entonces iba a llevarle ropa y comida. Junto con los tuppers, entraban y salían las esquelas. En una de esas notitas, Marcos escribió: “si Toia se enterara de que caí preso, seguro le interesaría filmarlo”.
Rodar Plata o mierda implicó lidiar con unas cuantas dificultades, con una conexión a internet inestable, con tarjetas memorias que se saturaban, con teléfonos que dejaban de funcionar, con situaciones que no era factible o conveniente registrar, pero también con el desgaste abrumador que suponía para Marcos el hecho de estar en la cárcel. Se trató, en definitiva, de un proceso asediado por una doble sensación de incerteza: en relación a la posibilidad de concretar este proyecto, pero también con respecto al propio destino de su protagonista.
La película se realizó con fondos públicos argentinos, gracias al apoyo del INCAA, y con fondos públicos colombianos. Desde la primera idea hasta el estreno pasaron más de ocho años. ¿Cómo es que llegamos hasta acá? Muy bien no lo sé, pero puede que algo tenga que ver con el hecho de haber sido fieles a nuestro deseo de entablar un diálogo, a pesar de todas las tensiones, equívocos y desigualdades que ese intercambio conlleva.
Sobre PLATA O MIERDA
Marcos Joubert está preso en un penal de Buenos Aires. Allí, uno de sus compañeros festeja su cumpleaños rodeado de otros presos, reunidos alrededor de una torta de chocolate con forma de corazón. Le piden que se acerque para salir en la foto, pero Marcos dice que no, que está haciendo su película.
A simple vista, Plata o mierda podría confundirse con una obra de denuncia sobre el encierro, porque sus imágenes rozan esa estética tumbera con la que nos suele alimentar el audiovisual argentino. Pero los cuerpos aprenden a arreglárselas contra cuatro paredes de cemento y cada necesidad obliga a fabricar su propio novísimo artefacto: botellones convertidos en pesas, una palangana y un vaso haciendo de ducha, un yogurt casero fermentado y sacrificado a manos de la requisa. El documental atraviesa esa materia mientras deja entrever, por debajo, la cuestión de la mirada. ¿Desde dónde ocurre? ¿Quién puede disponer de ella?
Desde 2017 esos registros salen del penal y aparecen en un Drive, devueltos después bajo la forma de mensajes, preguntas, alguna indicación. Hay algo de contrabando en esa circulación y también un abismo de duración abierto entre dos cuerpos que habitan tiempos irreconciliables. En uno de los audios Toia Bonino dice que está cansada, que recién sale de dar clases; él la escucha después de haber pasado el día encerrado y sabiendo que al día siguiente seguirá ahí. Ni siquiera en la fluidez del montaje las imágenes lograrán desprenderse del lugar del que fueron arrancadas.
Cuando Toia le pide que aparezca más, Marcos encuentra una forma de hacerlo sin darse entero. La imagen de su cuerpo aparece en el plano, sí, pero desviado por un espejo, recortado por el borde de una ventana, sometido a una pequeña ingeniería de la aparición que cumple la consigna y al mismo tiempo la resiste. En otro intercambio, Toia pregunta quiénes son los personajes estables de la película. Marcos responde que ninguno. Los otros pasan, cambian de celda, de penal, entran, salen; a continuidad del relato descansa solo sobre su condena a permanecer.
Un rayo abre por un segundo el cielo del penal y produce una fulguración inútil para cualquier pedagogía del encierro. Pero Marcos lo ha visto y lo registra a través de su ventana. Ese instante en Plata o mierda toca acaso su materia más secreta, porque haber visto esa luz quizá diga menos sobre la cárcel que sobre ese mundo que Marcos todavía imagina del otro lado. Es plata o mierda, dice.
VALENTINA VIGNARDI
Ficha técnica
CP Alita cine, Mostra Cine, Sakicine
Dir Toia Bonino, Marcos Joubert
PE Alejandra Grinschpun
P Alejandra Grinschpun, Tomás Eloy Muñoz Lázaro, Valeria Bistagnino, Toia Bonino
CoP Felipe Rugeles Pineda, Rodrigo Dimaté
F Marcos Joubert
M Toia Bonino
DS Mercedes Gaviria Jaramillo
G Nicolás Testoni, Toia Bonino
PostPI Pablo Padovani
Dist Entrecruzar films
BIO
Toia Bonino nació en Buenos Aires en 1975. Es Licenciada en Artes Visuales (IUNA) y Licenciada en psicología (UBA). En el 2018 su primer largometraje Orione (2017) estrenó en IDFA y recibió el premio a la mejor dirección en el 18º BAFICI. En el año 2018 realizó “Orione desplegado” una instalación audiovisual en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. En el 2020 estrenó La Sangre en el Ojo en el Festival de Cine de Mar del Plata, obteniendo el premio al mejor guion documental. En 2024 estrena L´addio en el 28 Ji.hlava International Documentary Film Festival, República Checa, obteniendo el premio a la Mejor Edición y el premio del Jurado Estudiantil.
Marcos Joubert nació en Buenos Aires en 1982. Egresó en el año 2002 del Colegio Nacional de Adrogué. Realizó un Curso de Formación Profesional en Fotografía, en la Unidad II de Sierra Chica, del Sistema Penitenciario Bonaerense. Desde el año 2017 trabaja junto con Toia Bonino en la realización de un proyecto documental registrando la vida cotidiana de los individuos privados de libertad. En el 2020 ganó el primer premio en el Festival Play con “Apuntes para la Piba de Oro”.
Ambos estrenan en 2021 el cortometraje Engomado en el 36 Festival de Cine de Mar del Plata obteniendo el premio oficial a mejor cortometraje y el premio independiente del Fondo Nacional de las Artes al Mejor Cortometraje Argentino. En 2022 obtiene el premio a la mejor Película en Tránsito con Plata o Mierda en el 33 Festival de Cine de Mar del Plata.