Sinopsis
Ramón Vázquez emprende un largo viaje para visitar a su padre después de treinta años sin verlo. Ramón es un caído del mapa, un trabajador sin trabajo desde hace meses. Su andar enlaza a una comunidad de caídos. Su presencia es propiciatoria de la comprensión y la empatía que nos hace humanos. Ramón se desmaya varias veces en su viaje. En esos intersticios aparecen una serie de imágenes, fragmentos de memoria, retazos de visiones. Mientras el viaje sigue, la frontera entre los dos mundos se vuelve permeable.
Sobre su producción
Fui testigo de la situación que da inicio al guion: Un hombre se desmayó en la calle. Estaba de pie, inmóvil en una vereda, debajo de un árbol, y cayó redondo. Al volver en sí nos contó, a las dos o tres personas que nos acercamos, que tenía que llegar a un pueblo de Córdoba. No dijo mucho más que eso: que tenía que llegar hasta allí para ver a su padre, que lo habían traído en un camión desde La Pampa, que había comido un pan en todo el día.
Hace varios años que este hecho me habita. Creo que el impacto se debió a dos razones. En principio, la vulnerabilidad de ese hombre tenía un grado de verdad conmovedora, inobjetable. Su sola presencia derribaba cualquier prejuicio. Quizás, pero esto no lo puedo asegurar, el hombre me miró con la intensidad con la que nos mira un ciego, aunque, por supuesto, no fuese esa su condición. En segundo lugar, las pocas cosas que el hombre nos dijo parecían fuera de cualquier especulación y eran portadoras de un enigma que funcionaba como un imán. ¡Qué ganas de saber de ese pozo, de ese hueco que ofrecía su contorno en el medio de la ciudad!
¿Por qué perdura una escena en la memoria? ¿Por qué razón algo aleatorio con lo que nos topamos, entre todas las cosas que están allí, en el mundo, nos alcanza y deja su huella? Esta escena apareció con insistencia en mi memoria a lo largo de varios años. Se repetía de manera idéntica cada vez: el hombre está inmóvil bajo el árbol, las luces que provoca el sol entre las hojas titilan sobre él, las piernas se doblan y ya no lo pueden sostener. Sin embargo, más allá de algunos apuntes torpes que hice ese mismo día, no se transformó en material de escritura hasta que otra escena se le unió. Hasta entonces, la caída se repetía, cargada de misterio, pero sin futuro.
En las semanas siguientes a la muerte de mi padre, en plena pandemia, tuve una extraña experiencia: alguien entró al cuarto y se acostó junto a mí con sigilo. Yo dormía de costado y quien fuera quien estaba a mi espalda, susurraba. Parecía una queja o una advertencia. Todo se volvió enseguida muy inquietante; no me salían las palabras y empecé a luchar para volverme y ver. El combate me desesperó porque el cuerpo dormido no obedecía. De pronto, me asistió la conciencia de que estaba soñando y era necesario despertarme. Este sueño, repetido durante varias noches, por alguna razón desconocida se unió a la caída del hombre sucedida varios años atrás. En la unión de esas dos escenas, el comienzo de la escritura del guión que llevamos adelante con Gloria Peirano.
Sobre RAMÓN VÁZQUEZ
Ramón Vázquez va a Soto, en la provincia de Córdoba, al encuentro de un padre a quien no ve hace treinta años. Viene desde La Pampa, sin trabajo y sin un peso. A veces queda mirando fijo el sol a través del follaje de los árboles, pierde la conciencia y sueña, o tal vez tiene visiones. Cuando cae, alguien desconocido lo ayuda a levantarse y reemprende su trayecto. Nacido del encuentro entre un sueño recurrente del cineasta y de un episodio casual vivido hace años en la calle, Ramón Vázquez cobra vida a lo largo de una historia sutil, asentada en una poética de los espacios y de los tiempos propios de la marcha y de la espera. Ramón no está solo en el intento de su incierto regreso a Soto. A lo largo de su itinerario, en la ciudad o en el campo, enhebra lazos humanos. En esos vínculos temporarios con quienes le tienden una mano asoma una comunidad posible, que habita esos márgenes ensanchados por un tiempo hostil.
Ramón Vázquez es una película realizada con recursos materiales mínimos, que logró subvertir el “no hay plata” hoy esgrimido sádicamente desde el poder en modo de sobrevivencia, permitiendo construir un film mediante un plan que no es el de un guion, sino el de la apertura ante lo que la imaginación, el ingenio y el mundo pueden ofrecer. Fontán desarrolla, entre la realidad y la visión, entre el actor Marcelo Subiotto y el personaje Ramón Vázquez, un diálogo fundamental entre dispositivos ficcionales y estrategias documentales. En Ramón Vázquez no es cuestión de filmar lo que ocurre a lo largo de un camino preexistente, sino de advertir un avance ofrecido de a bocados en un territorio abierto, donde la ficción despunta del merodeo y de los rodeos por lo real, con un constante respeto por el mundo filmado y por las vidas expuestas ante la cámara.
Así como Ramón Vázquez accede al misterio de sus visiones capturado por esa luz que parpadea a través del follaje viviente, el film de Fontán atraviesa una y otra vez ese umbral. Crece entre la exploración de un mundo ambiguo, entre sueño y vigilia, entre una suerte de road movie pero donde el camino se ha perdido, y el asomar de una vida compartida, por construir, a fuerza de marcha y de espera, desafiando la más radical intemperie. Desde el susurro del lenguaje y del murmullo de la naturaleza, Ramón Vázquez perfila una política: la de una hermandad desde abajo, que se extiende hacia ambos lados de la pantalla, sumando a ella sus espectadores.
EDUARDO A. RUSSO
Ficha técnica
CP Tercera Orilla, Punto de Fuga Cine
Dir Gustavo Fontán
P Gustavo Fontán, Eva Cáceres, Ana Lucía Frau
G Gustavo Fontán, Gloria Peirano
M Mario Bocchicchio
DF Diego Poleri
DS Andrés Perugini
ADir Roberto Persano
AC Yanina Puntorello, Mauricio Heredia
BIO
Gustavo Fontán nació en 1960 en Banfield, Argentina. Se graduó en Licenciatura en Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y realizó estudios de Dirección de Cine en el Centro Experimental de Realización Cinematográfica (ENERC). Como docente, se desempeña como profesor titular en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata y en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Es el director de los largometrajes La terminal (2024), El piso del viento (codirección con Gloria Peirano, 2022), La deuda(2019), Trilogía del lago helado (2018, incluye Sol en un patio vacío, Lluvias y El estanque), El limonero real (2016), El rostro (2013), La casa (2012), Elegía de abril (2010), La madre (2009), La orilla que se abisma (2008), El árbol (2006), Donde cae el sol (2003).